Beneficios al correr con pulsómetro

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Correr con pulsómetro permite conocernos mejor y mejorar como deportistas. Conoce como hacer uso de las nuevas tecnologías para mejorar tu rendimiento.

Correr con pulsómetro y no sólo con el corazón

Mejorar tus entrenos controlando tu corazón, es uno de los muchos beneficios de correr con pulsómetro, con esto controlarás tu frecuencia cardíaca y te ahorrarás problemas.

A pesar de que las actuales tasas de obesidad de los países desarrollados en general constituyen un grave y arraigado problema de salud, por fortuna y entre la población más joven y activa, se ha producido, durante las últimas dos décadas, una toma de conciencia de la importancia del deporte y la dieta a la hora de mejorar nuestra calidad de vida; una percepción que en el ámbito que nos atañe –el del running– se ha traducido en un incremento del número de aficionados; unos apasionados de la carrera que velan por su salud y que controlan su dieta, descanso, y otros parámetros importantes como el ritmo cardíaco.

Correr con pulsómetro, es decir, conocer nuestras pulsaciones nos permitirá aprovechar mejor el entrenamiento: organizarlo, programarlo y obtener mayores resultados. Son indicativas de nuestra condición física, muy útil si queremos prevenir el sobre-entrenamiento, augurar nuestro tiempo de recuperación muscular o determinar si padecemos alguna anomalía cardiovascular. Parece útil, ¿verdad?

Igual de fácil para todos

Igual de fácil para todos

Intensidad y ritmo cardíaco

Obviamente y antes de ponernos en marcha, deberemos conocer nuestra frecuencia cardíaca máxima (FCM=220-edad) y frecuencia cardíaca en reposo (FR). En relación con ellas y según los especialistas, se pueden establecer cinco zonas determinadas por la intensidad del ejercicio. Son:

De recuperación-regeneración: es el esfuerzo mínimo que se tiene que hacer para gozar de algún beneficio; es decir: el consumo calórico es escaso y, además el corazón “no se pone, precisamente, a cien” sino que oscila entre el 50 y 60% de la FCM.

De trabajo aeróbico 1: en ella el cuerpo aprovecha los hidratos de carbono y se acelera el metabolismo. Llega al 70% de la FCM.

De trabajo aeróbico 2: también nos quedamos en este porcentaje, pero es el mejor momento más equilibrado entre esfuerzo, fatiga y mejora.

De umbral anaeróbico: sucede cuando nuestro organismo necesita metabolizar el llamado ácido láctico y las pulsaciones se incrementan hasta el 80% de la FCM.

De alta intensidad: solo recomendable para aquellas personas que se encuentren en una condición física inmejorable. ¿La razón? Que se trabaja con deuda de oxígeno. Se supera el 90% de la frecuencia cardíaca máxima.

Correr con pulsómetro, pero..  ¿Con cuál?

Por fortuna y vista su importancia, para correr con pulsómetro, el mercado ofrece un amplio abanico de dispositivos capaces de monitorizar el ritmo cardíaco, que abarcan desde los pulsómetros de running en sí mismos (te recomendamos los de Sigma, Polar y Garmin, entre otros) hasta la pulsera Loop de Polar y los smartwatches con esta función.

No pierdas nunca de vista tampoco –y aunque el medidor indique todo lo contrario, podría estar estropeado- tus sensaciones corporales, que constituyen, al fin y al cabo, un indicador natural de que “algo no marcha bien”.

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